RUTA POR LA ANTIGUA ERMITA DE CARRATRACA
El pasado domingo 9 de
mayo de 2021, hicimos una maravillosa ruta por la antigua Ermita de
Carratraca, nuestro pueblo vecino. El “rendez-vous”, tal y como
marcaba nuestro itinerario, fue en la mítica Esquina de los
Herreros, a las 9:00 de la mañana. Lorenzo, que ya asomaba por el
cielo, nos auguraba el comienzo de un día espléndido y soleado, a
pesar de las previsiones de lluvia y del espectacular aparato
eléctrico al que asistíamos todos los ardaleños la noche anterior.
Juan, como es habitual, nos hizo un breve adelanto de lo que sería
la ruta y, tras ello, las 11 personas que conformábamos el grupo,
pusimos rumbo a la aventura en nuestros coches.
Subimos todo el
Camino de la Alamedilla, vislumbramos el Arroyo de la Zahúrda y
finalmente aparcamos para comenzar nuestro recorrido a pie, no todo
iba a ser rodado.
El sendero se hizo de lo más ameno y relajante, el
cantar de los pajárillos, el aleteo de incontables mariposas y el
deslumbrante color de las flores, como amapolas, margaritas o
campanillas, nos acompañaron durante todo el recorrido.
Tras
aproximadamente 2 kilómetros de marcha, nos adentramos en Calle
Glorieta, la cual nos llevaría al casco urbano de Carratraca. A
mitad de la calle, nos topamos con la Plaza de Toros
y más
adelante, nos esperaba un cómodo banquito para descansar, pues ya
sumábamos casi la mitad del recorrido en kilómetros y había que
reponer fuerzas. Desde allí, se divisaba la impetuosa residencia de
Doña Trinidad Grund, que tal y como nos contaron algunos miembros de
Harca, dedicó su vida a las obras de caridad después de haber
perdido trágicamente a sus dos hijas en un naufragio.
Una vez tomada
la tradicional foto de grupo, ascendimos por un camino bastante
empinado, a mitad del cual nos topamos con la famosa planta
“rompepiedras”, muy buena para todo aquel que adolezca de piedras
en el riñón y dato curioso que nos enseñaron nuestros maestros de
botánica, Paqui y Juan.
Unos minutos después de esta curiosa
anécdota, alcanzábamos el tesoro que tanto buscábamos, las ruinas
de la ermita de Nuestra Señora de la Salud. Según cuenta la
historia, Doña Trinidad Grund ordenó edificar dicha ermita allá
por el siglo XIX, con la mala suerte de que un rayo destruyó gran
parte de su estructura, quedando la misma sin techo y con los muros a
medio levantar. Aquel suceso fue interpretado como una señal divina
para que dicha ermita no fuera construida allí y, desde entonces, la
misma nunca se ha restaurado. Este fue además el lugar elegido para
tomarnos un refrigerio, y como no, para tomarnos algunas
instantáneas, aprovechando que estrenábamos fotógrafo oficial del
grupo.

Reanudada nuestra marcha, pusimos rumbo de vuelta a través de
un frondoso pinar y nos topamos, a medio trayecto, con Sierra
Blanquilla, lo más parecido a una playa en el monte, ya que el suelo
estaba recubierto de arena blanca. Con 8 kilómetros y 800 metros de
recorrido a nuestras espaldas, los pies fatigados y las mejillas
sonrosadas por el sol, concluimos otra espléndida ruta para guardar
en el baúl de los recuerdos.

Fotos: "el Innombrable" y Juan Duarte Berrocal
Crónica: Angela Becerra Florido