jueves, 26 de febrero de 2026

                                 Bajo la Sombra del Terror


En la Villa de Ardales, en el extremo opuesto de las ancestrales tierras vascas, el pasado día 20 de febrero, a las 18:08 horas se inició el coloquio "Bajo la Sombra del Terror"; no obstante permitan señores lectores que comience por el final: Nadie muere eternamente si su memoria permanece presente.

La proyección del primer capitulo de la serie basada en la novela "Patria" de Fernando Aramburu, de lectura obligada, evidenció al menos tres realidades.
- La complicidad de amplios sectores de la sociedad vasca con el terrorismo de ETA; así ningún vecino socorrió al industrial asesinado cuando su esposa solicitaba ayuda a gritos.
- La cercanía a los verdugos de la iglesia vasca, institución jerarquizada, cuando el sacerdote "recomienda" a la viuda que no regresara a su casa. ¿Dónde estabas Señor? 
- La doble victimización:  no solo perdió a su marido, sino que también fue desterrada de su pueblo junto al resto de su familia.

A continuación un maestro jubilado que solicitó voluntariamente una plaza en Oñate (Guipúzcoa) cuando obtuvo su diplomatura, describió los grandes murales que decoraban las calles de la localidad; quizás para que nadie olvidara que la soberanía no residía en el pueblo sino en una banda de asesinos. Miedo sí, pero donde pudo tener cabida el miedo en el momento de depositar en una urna electoral un voto secreto en un sobre cerrado.

Seguidamente, un guardia civil jubilado y su esposa, él que fue destinado a Irún (Guipúzcoa) expusieron sus experiencias y destacaron la buenas gente que los acogieron. En ese momento recordé uno de los principios de autoprotección tan recordados dentro y fuera de los centros de enseñanza del Cuerpo: No todos son terroristas, pero si puede serlo cualquiera.

Me llegó mi turno y describí mi modo de vida en Burgos, que también afectó a mi esposa, y donde un año y medio después de ser trasladado a otro destino, la banda terrorista atentó mediante un coche-bomba contra el cuartel de la Comandancia de la Guardia Civil, lugar donde había prestado servicio durante los dos años y medio anteriores. El terror carecía de limites territoriales.

Ya terminado las exposiciones, un vecino del pueblo con escaso ardor guerrero relató su mala suerte al ser destinado a Irún para cumplir el servicio militar obligatorio y a la vez ser encuadrado en una Compañía de seguridad cuando se producían atentados a escasos kilómetros de su acuartelamiento. Quizás, señores lectores, recuerden la imagen del atentado contra el teniente coronel Carlos Besteiro y el comandante Saenz de Ynestrillas, ambos del arma de Infantería,  yen el cual también fue asesinado el soldado Francisco Casillas. Heridos mortalmente, un terrorista se acercó y metiendo el brazo por una de las ventanillas, remató a los ocupantes. El Servicio Militar no era ningún juego.

Por último, un militar jubilado sacrificó su soledad ante de exponer la seguridad de su familia e hizo lo correcto ya que su nombre apareció señalado como objetivo en una lista intervenida a un comando terrorista. Los comandos no necesitaban autorización de la cúpula dirigente terrorista para asesinar militares, policías nacionales, o guardias civiles. Si la ocasión era propicia disparaban.

Para finalizar, unas últimas consideraciones. No hay que retroceder tanto en el tiempo, 25 años atrás en la región vasca, los 36 vecinos valientes de Ardales que participaron en el coloquio hubieran sido señalados al salir de la Biblioteca, amenazados de muerte o, quizás alguno, tiroteado al salir de su domicilio al trabajo. A ellos les dirijo mi gratitud por su curiosidad en conocer esta parte de la Historia de España que muchos pretenden ocultar o tergiversar.

A Harca por su sensibilidad hacía las victimas que murieron sin conocer quién mató a su hijo y hacía aquellas, muertas en vida, que en estos días han conocido con impotencia la concesión del 3º grado penitenciario al asesino de su hijo, de su hermano o de su novia y, todo ello, con un trasfondo de exigencias a cambio de garantizar la permanencia en el poder.

A mi amigo y compañero D. José Ángel de Jesús Encinas, 22 años, asesinado junto a la compañera  Dª Irene Fernández Perea, 32 años, el 20 de agosto de 2000 en Sallent de Gállego (Huesca): NADIE MUERE ETERNAMENTE SI SU MEMORIA PERMANECE PRESENTE.

Croníca : Antonio Duarte Berrocal


P.D:  ( Como por razones de tiempo hubo que acortar el tiempo de las intervenciones, transcribo que la carta que me publicaron en el diario Sur el 4 de febrero de 1995)


Señor director:

Algunos días después del atentado que costó la vida a Gregorio Ordóñez. Jarrai la organización juvenil de Herri Batasuna, por medio de su portavoz, declaraba en el periódico “Egin” que “el buque insignia del fascismo español había sido hundido”.


Efectivamente estos chicos llevan toda la razón: Gregorio Ordóñez era un fascista, que había sido elegido por una buena parte del pueblo vasco en unas elecciones democráticas, era un fascista y además muy peligroso, porque expresaba sus ideas libremente, con armas tan contundentes las de la dialéctica; y era un fascista porque osaba discrepar y mostrar su rechazo al movimiento nacional de liberación del pueblo vasco, del que tantas gestas heroicas se están escribiendo en las páginas de la historia.


El portavoz de Jarrai, por el contrario, está ética y moralmente legitimado para hablar así, por pertenecer a una organización, como todas las del bloque KAS, tan respetuosa con las reglas del juego democrático, tan sensibilizada ante el problema de la violencia, tan celosa de los derechos humanos, no solamente de los luchadores por la libertad de Euskalerria, sino de toda persona que no piensan como ellos (que son la mayoría de los vascos).... En fin, una organización modélica, de la que como demócrata puede sentirse orgulloso, a cuyo amparo se jalean, se cobijan y se nutren las filas de los valientes gudaris etarras, los que siempre en una lucha cara a cara se autoinmolan para liberar al pueblo vasco de la opresión y el yugo.


Si no fuera porque hay sangre y muerte de por medio, estos cínicos sólo me darían pena. Sin embargo, por violar el derecho más elemental de la persona, que es el derecho a la vida, me producen ira, rabia y repugnancia. Tanto los que aprietan el gatillo, como los que, aprovechándose de la generosidad de un Estado democrático y de Derecho, alientan respaldan y justifican las acciones de estos asesinos.

Juan Duarte Berrocal.






  

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