sábado, 17 de abril de 2010

**Crónica XVIII subida a Alcaparain**

Siguiendo el guión previsto, el pasado 11 de abril, Harca acometió la clásica subida a Alcaparain.


El reto en esta ocasión era lograr que no se produjeran los cortes y abanicos que se dieron en los últimos años, y que los atrevidos senderitas no fueran excesivamente distanciados. ¡ y por las barbas de Belcebú, qué bien que lo conseguimos¡. La clave estuvo, en colocar a Alfonso como cabeza de carrera, y en darles a los participantes la norma de que cuando Alfonso se parara todo el mundo tenia que pararse y mientras que él no se echara a andar nadie lo haría. Resultado: un ritmo de marcha sosegado, favorecido por las buenas condiciones climáticas, nubes y claros, con rachas de viento fresquitas, que en la cumbre del tajo de la Cabrilla se convirtió en autentico vendaval, hasta el punto que hubo que postergar el almuerzo, hasta buscar un respaldo en la cañada la Buha.
Por el camino se nos quedaron un grupo de 7 niñas y niños, que al llegar a la balsa del Puerto Málaga, desistieron por los mareos de una de ellas. Aunque ya habían recibido las aguas del bautismo en el arroyo del conejo de mano de Paco Ortiz (gurú de Harca), junto a otros neófitos.¡Oh, aguas de Alcaparaín que bajan por el arroyo el conejo, bendiceme a mí y bendice a estos pellejos¡.

Trás tomar aire y reponer energias, Ortiz nos dió unas pinceladas de último libro, ¡ Bobastro, ciudad de perdición...¡ seguida con mucha atención por los caminantes.Poco antes a algunos debidamente instruidos, se les enseñó a distinguir las collejas, planta con las que se preparan unas exquisitas tortillas y otros se dedicarón a clavar la bandera en la derruida casa del Huerto de los tinajones, y echarse fotos de tan sin par gesta.


Pero lo más llamativo de la jornada y que nos sorprendió a todos, fue la soltura y la facilidad con la que Carmen Rubio, acometió las rampas del zing-zang, ¡hasta se permitió tejer una soga de esparto¡, toda una soberana lección a sus 63 años. Y es que lo de esta mujer y el de las 58 personas que respondieron a la llamada de Harca, es realmente meritorio, porque alcanzar la cumbre exige un sacrificio que no todo el mundo está dispuesto a hacer, aunque muchos lo veamos como una manera de cultivar el cuerpo y la mente. Una recompensa gratificante, que nos deja con las ganas de volver al año siguiente, señal de que el espíritu esta puesto, y que las ilusiones no se han marchitado.












Fotos y cronica: Juan Duarte Berrocal.

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